Papa de monte

¿Conoces la papá de monte?

Prosopanche americana, papa de monte o flor de madera, planta parásita de nuestros prosopis, el caldén sobre todo. Existen de tres y cuatro pétalos, son diferentes especies.

Dicen que como planta medicinal es cicatrizante y hemostático. Es manjar para los jabalíes y Vicente Rosignolo agrega: también la comen los ñandues , peludos, piches, etc y principalmente se la suele encontrar en zonas de caldenales ,en lugares donde hay bajos y estando bien madura es apetecible, nuestros aborígenes la consumían, cuando es expulsada de su capsula ahí es el momento justo de maduración para comerla ya que cuando están debajo de tierra están “verdes”.

Alguna vez la probaste? Deja tus comentarios con cualquier otra información que sepas!

Hace dos años Ariel Carrizo comentó:

Cuando madura huele muy rico un olor como si fuese la banana madura o el ananá, la semilla es como la semilla de kiwi y la fruta como la banana es empalagoso, en estos montes de Caleufú hay muchas papas de monte …..

Foto: Nicolas Paternoster

LA “FLOR DE LA TIERRA” O “PAPA DE MONTE”

Es bueno que los pampeanos conozcamos las plantas más notables o de mayor valor económico que integran la flora nativa de nuestra provincia.


La “flor de la tierra” o “papa de monte”, a la que se aplican también otros nombres, como también guaycurù, huachal, poñi, etc. Siendo el último nombre citado un vocablo de la lengua mapuche que se aplica a diversas raíces carnosas o tubérculos comestibles.

La “flor de la tierra” es una curiosa planta subterránea, en la que sólo es visible la parte superior de la flor, que aflora a ras del suelo cuando está plenamente desarrollada; lo que se ve de ella son tres piezas triangulares, duras de color castaño, llamadas tépalos y que desempeñan la función de la corola en las plantas comunes.

Por dentro de los tépalos aparecen los órganos sexuales, esto es, los estambres formando un cuerpo con muchos pliegues; el ovario, que da origen al fruto, es totalmente subterráneo y puede llegar a tener, a la madurez, más de 20 centímetros de longitud y 15 centímetros de diámetro. Las flores nacen de los tallos subterráneos (rizomas) que tienen 3 a 6 nervios de los que nacen a lo largo numerosos apéndices cortos, por cuyo intermedio el tallo se adhiere a las raíces de ciertas plantas (caldén, algarrobos, revienta-caballo, etc.), a las que parasita, extrayéndoles los nutrientes que la flor de la tierra necesita para sobrevivir, ya que es incapaz de nutrirse por si misma por carecer de los pigmentos (clorofilas) propios del común de las plantas; tampoco tiene raíz ni hojas. No obstante, la “flor de la tierra” no es una planta inútil. Su fruto carnoso, que a la madurez despide un aroma agradable, sirve de alimento a diversos animales que hozan en los sectores donde se encuentra esta curiosa planta; asimismo ha contribuido a la alimentación de los indígenas y aún ocasionalmente es utilizada por los pobladores del monte pampeano. Augusto Guinnard, un cautivo del núcleo de Calfucurá a mediados del siglo pasado (XIX), se refiere que “mis amos, que habían hecho una gran provisión (del poñi) y las habían hecho freír en grasa de potro me convidaron a comer con ellos; las encontré excelentes pero me sorprendió un poco reconocer que esta extraña raíz (así llama al fruto) , preparada de tal manera, no tenía otro gusto en realidad que el de la patata. Muchos indios la comen cruda; yo hice a menudo como ellos; pero al notar que tiene la propiedad de provocar inflamación y constipación, no volví a comerla sino con moderación y comprendí porqué los indios, después de haberla comido en abundancia, tragan tanta grasa de potro líquida”.

El observador prolijo, al estudiar la “flor de la tierra” podrá verificar que en realidad existen dos especies diferentes, aunque ambas responden a las características generales señaladas. Una de ellas es de mayor tamaño, tiene los rizomas con generalmente 5 nervios y parasita las raíces del caldén y de los algarrobos, su nombre botánico es Prosopanche americana. La otra “flor de la tierra” es de menor tamaño en todas sus partes, tiene los rizomas con casi siempre 3 nervios y parasita a numerosas plantas, tales como, el hinojo, el huevo de gallo, el botón de oro, el revienta caballo, etc.; su nombre botánico es Prosopanche bonacinae, que fue dedicado por el sabio Spegazzini al misionero salesiano Pedro Bonacina, quien a fines del siglo pasado recorrió el territorio pampeano, especialmente la zona de Lihuel Calel, así como la Patagonia, educando y predicando su fé.

Por cierto es que esta nota no tiene por objeto promocionar el consumo de la “flor de la tierra” sino hacer referencia a salvarla de su extinción, por su valor científico, y a llamar la atención sobre estas singulares plantas que en el curso de la evolución de los vegetales se transformaron, como otras (por ejemplo las cuscutas), en parásitas, ocupando el nicho que la naturaleza les ha reservado dentro del ambiente propio de nuestro planeta. Es de hacer notar que la “flor de la tierra”, con sus dos especies, crece exclusivamente en Sudamérica y particularmente en el centro de Argentina

Textual del libro “Plantas Pampeanas” de Guillermo Covas.

Dirección de Recursos Naturales
Foto: Marcelo Dolsan.
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