Hay viajes que uno recuerda por el destino.
Y hay otros que quedan grabados por lo que significan.
Esta Semana Santa viví una de esas experiencias que merecen ser contadas.
Recibimos la visita de mi sobrina y su pareja, así que aprovechamos esos días para hacer lo que más disfruto: compartir en familia, ponernos al día, charlar sin apuro y salir a recorrer.
Entre los planes surgió una propuesta que me generó mucha curiosidad: visitar las Salinas Grandes de Hidalgo en Macachín.
Había escuchado hablar de este lugar, sabía que era impactante, pero también sabía algo importante: no está catalogado como un atractivo accesible.
Y ahí aparece una realidad que vivimos muchas personas con discapacidad cada vez que queremos viajar: no alcanza con que un lugar sea lindo, necesitamos saber si realmente podemos vivir la experiencia.
Por eso decidí hacer algo fundamental: preguntar antes de ir.
Y esa decisión hizo toda la diferencia.
La accesibilidad empieza mucho antes del viaje
Antes de organizar la visita, me comuniqué con Sofía Menvielle, guía local y responsable de @VisitaMacachín.
Tuvimos un intercambio muy simple, pero profundamente importante.
Ella me explicó con total honestidad cómo era el lugar: el terreno, los recorridos, las limitaciones, las condiciones reales.
Y yo le conté exactamente qué necesitaba: uso silla de ruedas motorizada, cuáles son mis requerimientos, qué cosas puedo hacer y cuáles no.
Sin suposiciones.
Sin promesas vacías.
Sin frases como “sí, sí, vení tranquila” sin saber realmente qué significa eso.
Información clara.
Eso, que parece básico, en turismo accesible vale muchísimo.
Porque cuando una persona con discapacidad viaja, no improvisa.
Necesita saber.
Necesita anticipar.
Necesita confiar.
Y eso fue exactamente lo que pasó.
No es accesible… pero sí fue transitable
Voy a decirlo con claridad porque creo que también hace falta hablar sin maquillaje: las Salinas Grandes de Macachín no son un destino accesible.
No hay estacionamiento adaptado.
No hay sanitario adaptado.
No hay senderos especialmente diseñados.
No hay señalética accesible.
No hay infraestructura pensada desde el diseño universal.
Eso es real.
Pero también es real otra cosa: el suelo es firme, el terreno es bastante estable y, con silla de ruedas motorizada, pude hacer aproximadamente el 90% de la excursión sin grandes dificultades.
Y eso cambia todo.
Porque no siempre hablamos de blanco o negro.

A veces no se trata de “es accesible” o “no lo es”.
A veces hablamos de lugares transitables, posibles, viables, si existe información previa y acompañamiento adecuado.
Y eso también hay que decirlo.
Porque si no lo contamos, muchas personas directamente descartan experiencias que quizás sí podrían disfrutar.
El momento en que apareció ese mar rosa
Llegamos y comenzamos a recorrer. Después de unos diez minutos por el sendero, pasó algo difícil de explicar.
De repente apareció frente a nosotros un verdadero mar de sal color rosa.
Pero rosa de verdad.
Intenso.
Brillante.
Con tonos que se mezclaban con violetas en el fondo.

Era de película.
De esos paisajes que uno ve en fotos y piensa que deben estar exagerados… hasta que los tiene adelante.
Y no.
Era incluso más hermoso.
Me quedé mirando ese paisaje con esa sensación rara que mezcla sorpresa, emoción y agradecimiento.
Pensé en todo lo que implica poder estar ahí.
Porque muchas veces no se trata solamente de hacer turismo. Se trata de poder participar. De no quedar afuera. De vivir la experiencia completa. Y eso tiene un valor enorme!
La experiencia completa también importa
Mientras yo recorría y disfrutaba el paisaje, mi marido y el resto del grupo fueron a subirse a las famosas montañas de sal.

Yo probé un cristal de sal recién extraído y también una hierba muy particular que crece allí y también en Tierra del Fuego: la salicornia
Es una planta salada, casi como un snack natural, muy rica y muy curiosa.
(Confieso que todavía sigo peleándome con el nombre exacto.)
Esos pequeños detalles también forman parte de la experiencia.
Porque accesibilidad no significa solamente “poder entrar”.
Significa poder vivir el lugar.
Escucharlo.
Sentirlo.
Participar.
Disfrutarlo como cualquier otra persona.
Y en eso Sofía tuvo un rol enorme.
Adaptó su guía, su forma de explicar, su acompañamiento y toda la dinámica para que yo pudiera vivir exactamente la misma experiencia que el resto.
Eso no siempre pasa.
Y cuando pasa, se nota.
Mucho.

La accesibilidad también depende de las personas
Trabajo hace años en accesibilidad y turismo accesible, y hay algo que siempre sostengo: la infraestructura importa, y mucho.
Pero la actitud también.
Y a veces es el primer paso.
Porque mientras las grandes obras tardan, la predisposición puede empezar hoy.
La escucha puede empezar hoy.
La empatía puede empezar hoy.
La decisión de preguntar y no asumir puede empezar hoy.
En este caso pasó exactamente eso.
Yo también me adapté al grupo, al lugar y a las condiciones reales del destino.
Y del otro lado hubo apertura, profesionalismo y voluntad de encontrar la forma.
No fue perfección.
Fue mejor: fue posibilidad real.
Y eso vale muchísimo más.
La Pampa también tiene turismo que emociona
Muchas veces cuando pensamos en turismo accesible, automáticamente imaginamos grandes ciudades o destinos súper preparados.
Y no siempre miramos hacia nuestros propios territorios.
La Pampa no suele destacarse por tener espacios naturales fáciles de recorrer desde la accesibilidad.
Eso también hay que decirlo.
Pero lugares como Salinas Grandes de Macachín muestran que hay muchísimo potencial.
No solo por la belleza del paisaje.
También por lo que representa para la economía regional, para el turismo local y para la identidad del lugar.
Y cuando además aparecen profesionales comprometidos como Sofía y proyectos como @VisitaMacachín, ese potencial crece todavía más.
Porque el turismo accesible no se construye solo con rampas. También se construye con personas que entienden que incluir no es un favor. Es parte de hacer bien su trabajo.
Mi conclusión: sí, se puede
Quise contar esta experiencia especialmente ahora que se acercan nuevos fines de semana largos, porque sé que muchas personas dudan antes de viajar.
“¿Podré ir?”
“¿Será posible?”
“¿Me estaré complicando de más?”
Lo entiendo perfectamente, porque esa evaluación la hacemos todo el tiempo.
Por eso quiero decir algo simple: sí, muchas veces se puede.
No siempre de la forma ideal.
No siempre con todas las condiciones dadas.
Pero sí con información, planificación, honestidad y ganas reales de hacerlo posible.
Las Salinas Grandes de Macachín me dejaron un paisaje hermoso.
Pero también me dejaron una confirmación importante:
la accesibilidad empieza mucho antes que una rampa.
Empieza cuando alguien escucha.
Y eso, aunque parezca pequeño, puede cambiar completamente una experiencia.
Si trabajás en turismo, esto también es para vos
Si sos prestador turístico, guía, emprendedor, municipio o trabajás en experiencias turísticas, te lo digo con claridad:
no esperes tener todo perfecto para empezar a incluir.
Empezá por informar bien.
Por preguntar.
Por escuchar.
Por no prometer lo que no existe.
Por entender que accesibilidad no es marketing: es responsabilidad.
Y también es una enorme oportunidad.
Porque cuando una experiencia está bien pensada, no mejora solo para una persona con discapacidad.
Mejora para todos.
Gracias, Sofía. Y gracias, Macachín
Recomiendo profundamente conocer las Salinas Grandes de Macachín.
Y recomiendo especialmente el trabajo de @VisitaMacachín y de Sofía Menvielle, por su profesionalismo, su calidez y su forma de hacer que la experiencia sea realmente compartida.
Porque cuando alguien entiende que incluir también es acompañar bien, se nota.
Y se recuerda.
Yo, sin dudas, lo voy a recordar muchísimo tiempo.
¿Querés trabajar accesibilidad real en turismo?
Hace años trabajo acompañando destinos, prestadores y organizaciones para transformar la accesibilidad en experiencias concretas, posibles y sostenibles.
Porque la inclusión no debería ser una excepción.
Debería ser parte natural de cómo pensamos cada espacio.
Si querés asesoramiento, capacitaciones o trabajar accesibilidad turística de forma real y profesional, podemos conversar.
Abrazo grande.
Verónica Martinez
Consultora en accesibilidad y Fundadora de Sí Voy

